Crónica THE LORDS OF ALTAMONT en BARCELONA / Ruta 66 Magazine

 

The Lords Of Altamont – Sala Upload (Barcelona)



¿Podríamos considerar Forever Loaded y la gira de 2026 como un verdadero “ahora o nunca”? La respuesta sigue siendo incierta, como si no existiera un certificado de defunción con sello y fecha que dictamine el final de la banda.

Lo cierto es que, si nos remontamos un par de años atrás, quizá no supimos interpretar correctamente el anuncio de su despedida ni el matiz elegante y ambiguo de aquella “última gira extensa por Europa”, un concepto que hoy vuelve a generar dudas. Más aún cuando Jake Cavaliere y su pandilla de chalecos parcheados se encuentran inmersos en una nueva y extensa gira presentando material reciente, reivindicándose, una vez más, como una banda que siempre ha vivido y actuado al margen de las normas establecidas.

Eso sí, el riesgo parece figurar entre sus prioridades, a juzgar por la atención que prestaron en su set a su nuevo trabajo. Este material, que apenas cuenta con un mes de vida, tuvo una presencia destacada: abrieron con Got A Hold On Me, tema que acusó el hecho de que la banda aún estaba ajustando el sonido. También interpretaron Rusty Guns y Get Out Of My Head, ubicadas en la parte central del concierto, aunque quedaron algo diluidas dentro de una selección dominada por sus clásicos.

Así, aplicaron un guion que se movió con naturalidad entre lo nuevo y lo conocido, con un resultado globalmente satisfactorio, pese a que el concierto estuvo algo lastrado por un sonido que no terminó de brillar como debería. Este déficit se cebó especialmente en la figura de Cavaliere: su micrófono no ofreció las mejores prestaciones y su órgano Farfisa sonó hundido en la mezcla, perdiendo parte de su protagonismo habitual. Sin embargo, esto no le impidió moverse con soltura ni maltratar el instrumento a su antojo: pisándolo, subiéndose sobre él o agitándolo hasta hacer saltar la tapa protectora —literalmente—.

Con todo, el objetivo fue evidente: desarrollar el concierto en un claro crescendo y, con las tablas que otorga la experiencia, terminar llevándolo hacia el terreno deseado, encajando el conjunto de manera que la experiencia resultara finalmente muy satisfactoria para todas las partes implicadas.

Con temas como Going Downtown, el medley de Action/495, Live Fast o Cyclone, hubo poco que objetar. Destacó Dani Sin a la guitarra dentro de un papel sobrio, pero aplicando el estilo preciso y aportando el toque electrizante cuando fue necesario.
No menos sobrio se mostró Rob “Zim” al bajo, cuya presencia impone —eso sí, tras el concierto estuvimos comentando con él las próximas paradas de la gira y se mostró especialmente cercano—, además de aportar las armonías vocales que respaldan la voz principal. Completando la base rítmica, Barry “The Hatchet” en la batería aporta ese punto de juventud y potencia que encaja a la perfección con la propuesta de los californianos.

Todo se remató con un bis generoso en minutaje e intensidad, y, como ya apuntábamos al hablar del riesgo, con un cierre especialmente significativo: Twisted Black, la pieza que clausura su reciente trabajo de forma oscura, fue también la encargada de poner punto final a la noche, tras clásicos como Like a Bird o Velvet, una decisión muy acertada, ya que supone salir de su zona de confort.

Si inicié este texto con una pregunta, lo cerraré con otra: ¿en el universo de The Lords of Altamont, el concepto de despedida se manifiesta de forma recurrente? Me respondo a mí mismo: todo indica que seguir invocando ese ritual es, precisamente, la gasolina que continúa alimentándolos.

Texto: Oscar Fernández Sánchez
Fotos: Marina 

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