JAMES LEG, redención y espiritualidad grasienta / RUTA 66
Si nos basamos en la imagen que transmite John Wesley Myers, aka James Leg, emerge un sufrimiento marcado no solo por su aspecto áspero y sin pulir —con ese aire de personaje ligado a la clase trabajadora, que lleva cada experiencia grabada en la piel a modo de tatuaje— sino también por la redención y la salvación que proyecta en su música. Esa intensidad la canaliza a través de su piano Fender Rhodes, al que exprime y golpea hasta arrancarle un sonido cálido, grasiento y envolvente. Todo ello se apoya en una base rítmica cargada de groove y, por supuesto, en el rasgo que lo distingue por encima de todo: su voz visceral y arenosa. Por otra parte, la evidencia de un alma descarriada que necesita dejarse caer por bares y clubes de medio mundo se refleja en las largas giras que realiza, impregnadas de ese punto sudoroso y autodestructivo que se deja la sangre de sus dedos sobre las teclas. En cuanto a trabajos editados, la historia es distinta: su última referencia correspo...