Crónica NASHVILLE PUSSY en BARCELONA / Ruta 66
Nashville Pussy – Sala Upload (Barcelona)
Los de Atlanta visitan puntualmente nuestras salas en cada gira. Se las han pateado todas y cada una de ellas, viviendo incluso momentos de mayor gloria gracias a su presencia en grandes festivales como el catalán Rock Fest o el gallego Resurrection, y todo a base de sota, caballo y rey. Son una banda repleta de clichés; todo lo que hay en ellos ya lo has escuchado o visto con anterioridad, pero con su concepción primaria y enérgica del rock and roll han conseguido que, noche tras noche, se reúna frente al escenario un buen número de seguidores deseosos de repetir.
Un servidor se había saltado las dos últimas giras. No sé, tenía la sensación de que ya me habían dicho todo lo que tenían que decirme, pero, siendo justos, hay que reconocer que la pasada noche en Upload me convencieron plenamente, ofreciendo 75 minutos de sudor y guitarreo marca de la casa. Como escribíamos anteriormente, no inventan nada: su fórmula está construida con hard rock tal y como podrían entenderlo el mejor Ted Nugent o Black Oak Arkansas, boogie metálico a lo Foghat pero con varias marchas más, arrojo punk, rock sureño a piñón —«Hate And Whiskey» podría estar en el repertorio de los Skynyrd más cazurros— y una visible veneración por forajidos del country como Waylon Jennings.
Blaine Cartwright dirige el asunto con su habitual cara de pocos amigos, aunque en esta ocasión estuvo bastante dicharachero, mientras Ruyter Suys sigue comiéndose el escenario, descerrajando riffs y solos en la mejor escuela de Angus Young. A su lado, Bonnie Buitrago sacude su bajo y aporta presencia escénica, ya plenamente consolidada en la banda dejando atrás el constante trasiego que hubo en ese puesto durante un tiempo, para cimentar, junto a la batería de Ben Thomas, el armazón rítmico que sostiene el edificio.
El personal respondió de forma unánime, con vehemencia, a la tormenta sonora de los de Atlanta, que recurrieron a uno de sus temas emblema, «Go Motherfucker Go», regado por el habitual baño de Jack Daniel’s a las primeras filas, para poner el punto final al concierto. Y es ahí donde reside la clave de Nashville Pussy: en esa honestidad kamikaze con la que abrazan todos los excesos y lugares comunes del rock más macarra sin el menor atisbo de ironía. Y siguen defendiendo sus canciones con tanta convicción como entrega.
MC
Fotos: Marina Tomás Roch
Enlace
Un servidor se había saltado las dos últimas giras. No sé, tenía la sensación de que ya me habían dicho todo lo que tenían que decirme, pero, siendo justos, hay que reconocer que la pasada noche en Upload me convencieron plenamente, ofreciendo 75 minutos de sudor y guitarreo marca de la casa. Como escribíamos anteriormente, no inventan nada: su fórmula está construida con hard rock tal y como podrían entenderlo el mejor Ted Nugent o Black Oak Arkansas, boogie metálico a lo Foghat pero con varias marchas más, arrojo punk, rock sureño a piñón —«Hate And Whiskey» podría estar en el repertorio de los Skynyrd más cazurros— y una visible veneración por forajidos del country como Waylon Jennings.
Blaine Cartwright dirige el asunto con su habitual cara de pocos amigos, aunque en esta ocasión estuvo bastante dicharachero, mientras Ruyter Suys sigue comiéndose el escenario, descerrajando riffs y solos en la mejor escuela de Angus Young. A su lado, Bonnie Buitrago sacude su bajo y aporta presencia escénica, ya plenamente consolidada en la banda dejando atrás el constante trasiego que hubo en ese puesto durante un tiempo, para cimentar, junto a la batería de Ben Thomas, el armazón rítmico que sostiene el edificio.
El personal respondió de forma unánime, con vehemencia, a la tormenta sonora de los de Atlanta, que recurrieron a uno de sus temas emblema, «Go Motherfucker Go», regado por el habitual baño de Jack Daniel’s a las primeras filas, para poner el punto final al concierto. Y es ahí donde reside la clave de Nashville Pussy: en esa honestidad kamikaze con la que abrazan todos los excesos y lugares comunes del rock más macarra sin el menor atisbo de ironía. Y siguen defendiendo sus canciones con tanta convicción como entrega.
MC
Fotos: Marina Tomás Roch
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